lunes, 23 de abril de 2007

¿Es esta la Iglesia que queremos?

Hoy estaba mirando el periódico, y me he encontrado con una noticia sobre el Papa Benedicto XVI en el diario "El Pais" que me ha vuelto a hacer pensar sobre si la postura que tiene la Iglesia de hacer apostolado es la adecuada o no.

Hoy día muy pocos jóvenes creen en la Iglesia. ¿Cuántos jóvenes puedes ver en la Iglesia un Domingo a las 7 u 8 de la tarde? Realmente pocos. ¿Se está equivocando la Iglesia a la hora de atraer feligreses? Digo más, la Iglesia tiene la obligación de anunciar el mensaje de Jesús, y yo me incluyo ahí dentro. Todo cristiano tiene ese cometido. Pero si la gente deja de creer por las razones que sean, ¿meter miedo con el infierno es el camino adecuado? ¿Es eso lo que quiere Dios para que el pueblo crea en él?

Yo he conocido diferentes ideologías, distintas maneras de abordar la religión. He ido a un colegio del "Opus Dei", tengo buenos amigos que son de Comunidades, es decir son "kikos". Dos ramas algo conservadoras y que con buena intención, pero creo que la manera de abordar diferentes temas se equivocan. Yo aún a veces sufro por una mala catequesis recibida en mi infancia y pre-adolescencia. ¿Acaso el sentimiento de culpa y el miedo son los medios adecuados para acercar a la gente a Dios y desarrolarnos como es debido?

También he estado en un Colegio Mayor de Jesuitas, y me hablo hace ya tres años con un cura jesuita por lo que también conozco bien esta ideología y la manera de abordar los temas. También he recibido catequesis de un jesuita. En fin, me voy a mojar y creo que en líneas generales el "Opus Dei" cohíbe, y los jesuitas apuestan por la libertad. En un mundo dónde ya a casi nadie se le prohíbe nada, creo que la Iglesia debería reconsiderar posturas, abrirse más al mundo. Por supuesto hay cosas que son como son, los dogmas de fe son los que están. No me refiero a que la Iglesia deba cambiar términos ni nada de eso, ni mucho menos. Me refiero a la manera de abordar las situaciones, la táctica a seguir. Ya lo decía el proverbio de ayer: Con unas palabras dulces y amabilidad, puedes arrastrar un elefante por un pelo.

Bueno, creo que ya es suficiente. Quien tenga algo que decir al respecto, le invito a que lo haga.

Un abrazo,

Javi.

Me he desviado un poco de lo que quería escribir, pero espero que haya quedado clara mi postura.

4 comentarios:

ZilC dijo...

Yo no sé el resto de la gente, pero tengo clarisimo que con las ideas del opus no me acerco a la Iglesia ni de coña.

Hay algunas cosas que tengo claras y una de ellas es que mi motor no es el miedo.

Por otro lado, entre mis 3 valores está la libertad.

Cada uno que saque sus conclusiones.

HS dijo...

La palabra religión tiene un significado que me cuesta “encajar”. Digamos que el término es muy amplio y cada uno de nosotros le podría asignar una definición completamente diferente a la de otro. Partiendo de lo que nos enseña la RAE, el concepto de religión se define como un conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas de rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto. Si ése es el concepto “general” de religión, no es el mío.
Yo soy cristiana. Bueno, lo soy porque he nacido en esta parte del planeta donde la mayoría de la gente adopta el cristianismo. No lo elegí. Me bautizaron como a millones de otros niños por “tradición”, sin darme opción a elegir. Me impartieron clases desde los 6 hasta los 12 años, di catequesis durante 2 años e incluso fui a un colegio del Opus Dei.
Cuando era niña, mi concepto de la religión era otro completamente diferente al que define el diccionario o al que vivo en la actualidad. Pero reconozco que me sentía bien “creyendo”. Les pedía a mis padres que me llevasen a la iglesia, sola, por pura dedicación a una ideología que creía adecuada. Rezaba el rosario todas las noches antes de irme a dormir hasta que se convirtió en un ritual casi fetichista.
Sin embargo, el paso de los años, y quizá algo de madurez (insensatez para algunos), me ha hecho cambiar de idea. Empecé a interesarme por otras religiones, por otras culturas, empecé a comparar doctrinas y me di cuenta de que el cristianismo no me “llenaba” del todo. Pero ¿acaso debo elegir una religión entre todas las que hay? ¿Acaso hay una mejor que otra? ¿Y si hubiese nacido en China? No me gusta cerrarme puertas, nunca me ha gustado, y en vez de enfrentar ideologías preferí complementarlas. Porque la base es la misma en todas: el respeto propio y ajeno, cultivar virtudes, limar asperezas y difundir la doctrina a los descendientes. Pero no creo que ese aprendizaje tenga que pasar por sentimientos de temor. De hecho, me asusta el simple hecho de usarlo para difundir algo. ¿No debería ser lo contrario, como instaurar un clima de confianza? Si inspiras temor es que algo quieres imponer. Y una religión no se impone como una dictadura. Para ser generosa con alguien, no me tienen que amenazar con castigarme. Es algo que nos deberían enseñar como una actitud natural.
Todo ello me acercó bastante al budismo. Más que nada porque se define como filosofía antes que como religión. Es una filosofía de vida, un comportamiento que adoptamos respecto a nosotros mismos y a los demás. Y sinceramente creo que la fe es algo personal. Da igual en quien crees, lo importante no es saber a quién se reza sino por qué se reza. Creo en todos los dioses que me presenten, mientras se asemejen a los principios que considero importantes. Es más, la Iglesia me ha decepcionado bastante porque es la primera en enseñarnos normas morales y en infringirlas. Con sólo mencionar la Inquisición creo que nos hacemos una idea, pero no me voy a adentrar en ese tema.
Espero no haber “chocado” a nadie, aunque creo que realmente hoy en día el tema de la religión no inspira mucho. Pero para resumir mi idea, creo que deberíamos mirar un poco más allá de lo que nos enseñan, cuestionarnos acerca de lo que buscamos cuando hablamos de religión (ya sea el cristianismo, el Islam, o lo que sea), formarnos nuestra propia opinión, pero sobre todo mantener unos principios éticos decentes y no perder la fe, sea en lo que sea.
Un beso

Javier Arturo dijo...

Este comentario lo hizo mi cuñada en el blog de mi familia:

Querido Javier:

Dado que El País no se caracteriza por su “cariño” hacia el Pontífice y los católicos, tal vez sería aconsejable que acudieras a las palabras del propio Papa para forjar tu opinión. Al parecer esta noticia se basa en una Exhortación pastoral pronunciada el 13 de marzo.

De todos modos, tras la lectura de la noticia se me ocurren algunas cosillas:

No creo que lo dicho por Juan Pablo II y lo dicho ahora por Benedicto XVI sea contradictorio. Juan Pablo II decía que el infierno y el cielo no son lugares físicos como tradicionalmente se les ha representado. “Más que un lugar, el infierno es una situación de quien se aparta del modo libre y definitivo de Dios”. Es decir no dijo que el infierno no existiera.

Recuerdo que en mi etapa como estudiante universitaria, una vez, charlando con un sacerdote, éste comentó que el infierno es la imposibilidad de amar (por toda la eternidad).

Y Benedicto XVI no dice que el infierno sea un lugar en el centro de la tierra donde hace mucho calor y con un Satanás con cuernos y tridente. Sencillamente recuerda que existe.

Otra cuestión perversa de la noticia: identificar, como hace el periodista, la figura de un Dios “de justicia”, con un Dios “castigador”. Impartir justicia no es lo mismo que castigar. Justicia es una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. El diccionario de la Real Academia de la Lengua incluye además la siguiente acepción:

Justicia: Atributo de Dios por el cual ordena todas las cosas en número, peso o medida. Ordinariamente se entiende por la divina disposición con que castiga o premia, según merece cada uno.

Así pues, se me ocurre que te plantees: ¿Hay que tenerle miedo a un juez justo? Más bien, yo le temería a un juez que no fuera justo porque aplicaría la justicia como le viniera en gana. Dios no es castigador: Dios es justo.

25 de abril de 2007 16:30

Javier Arturo dijo...

Este comentario lo expuso un hermano mio:

Me apunto al debate:

La noticia publicada por El País (Diario independiente de la mañana) está orientada ideológicamente y además confunde: junto al hecho de que hace interpretaciones sesgadas (como que hay contradicciones –que no las hay- entre lo que dijo Juan Pablo II y el actual Papa, o como que hablar de un Dios justo es hablar de un Dios castigador, como bien ha señalado Silvia), induce a pensar que lo dicho sobre el infierno está reflejado en la exhortación pastoral “Sacramentum Caritatis” del 13 de marzo. En esa exhortación no aparece en ningún momento la palabra “infierno”. Esto lo dijo durante una misa… Y no es lo mismo la carga “oficial” que tiene una exhortación pastoral que una homilía durante la misa.

Yendo al fondo del asunto que plantea Javi, no creo que afirmar que el infierno existe sea “meter miedo”. Es tanto como decir que existe el bien y el mal, o que existe el pecado. Que las personas con nuestras acciones podemos perfeccionarnos o alejarnos de nuestra perfección. Y parece pertinente hacer estas observaciones en una cultura donde cada vez más se consolida un relativismo en los valores, donde parece que cada uno tiene “su verdad” y no hay un criterio unificado de lo bueno o lo malo. Una cultura que parece invitar a pensar que da igual actuar en un sentido u otro, porque cualquier curso de acción es igualmente válido, si lo ponemos en la perspectiva adecuada… Es más: parece entenderse de manera generalizada la idea de que el bien o el mal dependen de cómo se mire… No existe la verdad, y por lo tanto no existe el mal como acción humana que en vez de perfeccionar al hombre le aleja de su propia excelencia. Decir que existe el infierno, aunque en nuestros días se hable muy poco de él, es afirmar que existe el mal, a pesar de que en nuestros días parezca que no se puede afirmar con rotundidad que algo es bueno o es malo porque “todo es relativo”.

Y en este sentido, Javi, eres un hombre contagiado del sentir de tu tiempo y consideras que decir con rotundidad que existe el mal y, por tanto, el infierno, asusta: es “meter miedo”. Porque es mucho más fácil (da menos miedo) considerar que las cosas no son ni blancas ni negras, sino que depende. Es más cómodo (da mucho menos miedo, o más bien no lo da en absoluto) pensar que nunca actuaremos mal, si lo miramos desde la perspectiva idónea.

La Iglesia católica cree que existe la verdad. Está convencida de que hay acciones buenas y acciones malas, esto es, actos humanos que nos acercan a Dios (que es la Verdad, el Bien, la Excelencia) y actos que nos alejan de él. La posición de la Iglesia católica no es relativista. Y algunos de los mayores enemigos contra la verdad que pretende defender son, precisamente, las concepciones relativistas imperantes en nuestra época. Por eso me parece conveniente que se recuerde que existe el Infierno, es decir, que existen las acciones humanas malas que nos alejan de nuestra propia perfección, independientemente de que queramos considerarlas malas o no según nuestro esquema de valores.

En definitiva: creo que quien considera que sostener que existe el Infierno es promover el miedo, es porque le asusta la idea de que existan acciones malas independientemente de que se quieran valorar como tales por el sujeto que las ejerce. Es un miedo justificado, pero sólo para aquellos que no quieren asumir que existe el mal, y que no todo es relativo. Me da la impresión de que a quien no le gusta que la Iglesia hable de la existencia del mal, y cree que con esto está tratando de meter miedo y hace mal el apostolado, es porque lo que en realidad le asusta es mirarse a sí mismo y reconocer que a menudo actúa mal, que peca más de lo que le gustaría. Preferiría una Iglesia que le dijera que actúa siempre bien, que qué guay es todo lo que hace, que qué bonito es cuando cada uno actúa según su voluntad, que no hay nada bueno o malo. Pero entonces la Iglesia se convertiría en algo parecido a un patio de vecinas hipócritas en donde la verdad se articula a gusto de todos y, por tanto, deja de existir.

En fin, ya me he extendido demasiado…

27 de abril de 2007 10:03